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Seres humanos.
¿Una mierda? El dinero y las patatas cocidas. El sueño a las diez de la mañana. La fruta verde. El metro. La cuerda rota, la cuarta cuerda rota. Gargabete el Domingo. El sábado solo, solito, solo. Cinco Euros para hacer la compra. Y veinte centimos. Gold Coast. Dos paquetes diarios. Demasiado onanismo seguido. No tengo tele.
Pero tengo un libro de misteriosos asesinatos que me entretiene, una farola pequeña para leerlo. Huevos fritos, champú, orgasmos, La luna puta rota en la punta de la ola de cemento de la Puerta del Sol. El estribillo, tengo un estribillo: "hay un huerto con almendros y naranjos / para dormirme la siesta en la orilla de tus tetas / con vistas a tu mar de intimidad / me
deslizo sonriendo por tu espalda / quiero comerte la cara / de tus manos mana agua de limón ..." Tengo pronto un concierto, será un domingo y el sábado me quedaré solo para ensayar y comeré patatas cocidas con huevos
fritos, me levantaré a las diez con sueño, no tendré dinero, iré en metro a Libertad 8 y a las diez empezaré a tocar para vosotros que lo sois todo cuando yo soy algo. Que rica la tormenta de ayer. Qué fuego en el vientre cuando sé que cantaré estas canciones nuevas.
Huele bien en Madrid cuando me echo mucha colonia. Voy a seguir en la vida escalando los árboles sin talarlos. Voy a mi casa para hacer la cama.
¿Vendàs al concierto? Yo iré.
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Pretérito imperfecto.
Para no cansarme de sentir todas las cosas a la vez, me he comprado un paquete de pretérito imperfecto. Era pirata, me lo vendieron en la calle, junto a una parada de metro. Lo abrí en mi habitación, sin que me vieran mis compañeros de piso. Estaba emocionado. Pero una vez que lo abrí no sabía muy bien cómo usarlo; al principio me desnudé y me lo extendí por el vientre, pero me di cuenta de que así no hacía nada. Durante mucho rato pensé en cómo usarlo con rigor: le di mil vueltas, lo metí en agua hirviendo, lo lancé a la pared, le hablé a los ojos, le mentí, le odié y le pedí perdón -aunque fingía-. Nada. Me eché a la cama para sumar esta desidia a las demás. Allí el mundo es diferente, en la cama todo da vueltas alrededor de uno. Pensé que no podría utilizar mi paquete de pretérito imperfecto y así alejarme del cúmulo de sentimientos: me sentí mal. Sólo quería cambiar el estado de presente de mis anhelos para convertirlos en nostalgias. Bajé a la calle con mi paquete y le dije al vendedor que no funcionaba. Él se rió y me preguntó que qué había estado haciendo, yo le dije enfadado que intentando ponerlo en funcionamiento sin obtener resultado; me miró con arrogancia y dijo con desgana que si no había conseguido pretérito imperfecto al menos había perdido presente buscando pasado. Ademas no se admiten cambios. Así que me puse a hacer canciones que es lo mismo pero gratis. ¿Quieres escucharlas?
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He sentido que la temperatura era buena para besar en las comisuras de los labios con los ojos cerrados y las manos húmedas; he estado solo en mi habitación deseando pasados imposibles, rumiando las miradas y las palabras; he cogido la guitarra y el cuaderno para defenderme de aquellos ruidos; he escrito palabras e inventado notas, las he revuelto; he cantado solo, he cantado soñando mientras caminaba por las calles, he cantado susurrando en los espejos de los ascensores; he quedado con mi amigo y con su violonchelo y han crecido las canciones, han madurado; hemos ido a tomar café para que los días sean como trenes hacia destinos deseados y, allí, nos han dejado tocar un día; ya sólo falta que vengas tú y la vida será perfecta. Gracias.
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Andrés Sudón y Tal
Andrés Sudón se sube a un escenario, toca la guitarra, canta sus canciones y le acompaña con el violonchelo Óscar José Martín. Teniendo en cuenta esta constante invariable, puede pasar cualquier cosa: un músico que toca la aspiradora o la cafetera, un espontáneo que sube a las tablas y canta ópera, un DJ que dispara programaciones sampleadas, un coro de voces blancas cantando los estribillos, un albañil que alicata el decorado; cualquier cosa. Evitemos el hastío escénico. Por eso Santos Neri sube con ellos al escenario con su talento y sus cacharros electrónicos, para ampliar el infinito.
Las canciones. Si quieres evitar la fama y la riqueza evita los estribillos. Y como Andrés Sudón no sabe si ser pobre o no ser pobre, tiene canciones con estribillo para que no podáis vivir sin escucharlas y canciones interesantes y contingentes para que disfrutéis del momento sin necesitar comprar YA el producto. De todas formas estas canciones son para la vida introspectiva cotidiana, es decir, para rallarse hasta el infinito. Lo títulos que más pueden ilustrar son "Mariposa Gutural", "Palabras y tiestos", "Tengo una gata maullera", "Prefiero vivir", "Requiem del insecto inepto", etcétera. Escúchalas.
La música. En el conservatorio se aprende bastante, pero en la calle, con la gente de la calle, se aprende a aprender, se tiende a saber, a tener. Pues hay un poco de todo. Andrés y Óscar llevan tocando juntos desde que se conocieron hace... muchos años. El resultado es magnífico tanto en complicidad como en calidad, cantidad, santidad, amistad, cantad con nosotros.
Venid. Tenéis que venir a verlo. Sí.
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ESTO.
Con el tiempo esto no tendrá importancia. No leas durante siete segundos. Ya no tiene importancia; porque has estado pensando en la colada o en el sexo o en el sueldo o, simplemente, has dejado de leer porque has preferido tus pensamientos a los míos. Imagina que dejas de leer durante otros siete segundos, suma siete más, así hasta setenta veces siete segundos sin leer esto, probablemente tan siquiera recuerdes que lo has leído. Es curioso, pero esto no tiene ni la menor importancia. ¿Qué día naciste? Eso sí lo recuerdas, eso es importante, para ti es importante, si bien a mí me da exactamente igual. Esa es la cuestión: yo hago esto porque a mí me importa, pero a ti te da igual, no te importa, no es importante. Ciertamente es comprensible y entonces tampoco importa que no te importe. Volviendo al ejemplo anterior, si tú y yo nos conociéramos y tomásemos una copas hasta fraguar -con el tiempo o la intensidad- una amistad prácticamente sólida, llegaría un momento en el que la fecha de tu cumpleaños sería importante para mí, me importaría, no me daría igual. Llegados a este punto podemos afirmar que mediante alguna estrategia yo podría conseguir que esto fuera importante para ti ¿no? Pero ¿qué es esto?
Te lo voy a decir inmediatamente:
Esto es, yo canto canciones que previamente he construido en los albores de alguna tarde enferma, y que he perfilado con unas uñas rotas y fuertes como cordilleras (en las cavidades de estas uñas conservo despojos de anhelos inútiles). Algunas veces quise que todos escuchasen y mirasen hacia mí, contra el pudor existía un sueño potente, un deseo profundo de colonizar almas como si fuera un mesías obsesivo. Algunas de esas veces supe que aquello lo era todo, que una vida sencilla no tendría sentido sin aquello predominando en mi rutina. Lo contrario provocaría una frustración absoluta. Aún es posible todo, tanto el éxito como la frustración, aunque yo nunca pararé de disfrutar de esto, porque forma parte de mí y no se ser sin cantar, sin componer canciones, sin subir (¿subir?) a un escenario y escuchar cómo escucháis. He de decir que quizá soy egocéntrico en exceso, pero confío en que mis canciones os puedan hacer algún bien del mismo modo que a mí me hacen bien las canciones de otros compositores.
Por cierto, el Domingo cuatro de Noviembre a las diez de la noche voy a tocar aquí, en el Garibaldi, podías acercarte y, entre otros placeres, me podrías decir la fecha de tu nacimiento, seguro que no la olvidaré.
Esto es todo.
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Estás en tu casa reuniendo los segundos por colores para almacenarlos en la caja marrón de las tardes sencillas. Estás en un estado similar al de las macetas, estás acabando con el inasible tiempo, porque la calma es uno de los grandes objetivos que se proponen las personas que habitan en ciudades como esta. Coges este papel y lo lees; siempre lo mismo: "¡Ven al magnífico recital que Andrés Sudón y Óscar José Martín celebrarán en Plaza Menor el Miércoles cinco a las diez de la noche bla, bla, bla...!" ¿Y ahora qué? No sabes si irás. Pero lo piensas durante seis segundos. Si te fijas, esos segundos que has usado para decidir si ir al concierto, se han convertido en segundos azules ¡Oh, maravilla! Regresas a los asuntos del sosiego y miles de segundos amarillos van a la caja, pero, en un momento dado, los levantas despacio para echar un vistazo y ahí están los segundos azules, tan bonitos y atractivos como antes. Ahora durante más de un minuto te dedicas a pensar si piensas en "los asuntos de la calma" o bien piensas en "si ir al concierto". Segundos verdes fluyen de ti hasta la cajita de las tardes sencillas. Sin darte cuenta estás consiguiendo más colores que nunca, porque tienes la costumbre de almacenar segundos amarillos que son tan gratos y tranquilos. Ya te empiezan a entrar ganas de fiesta y comienzas a pensar en lo bien que lo podrías pasar en el concierto. Incluso sonríes y te incorporas un poco en ese sillón tan cómodo. Miras a un lado y ves que en la caja están entrando rojos y brillantes segundos. Ja, ja. Ya convencido de ir al recital de Óscar y Andrés revisas la fecha y la hora para asegurarte ¡Mierda! Resulta que has quedado para una reunión de trabajo; segundos grises llenan la caja. Tú quieres segundos rojos y azules, y eso solo sucederá si vas al concierto; quieres morado, porque lo quieres... Qué hacer. No lo sabes, segundos blancos entran en la caja como si fueran madrugadores entrando en el metro. Bueno, no sabes cómo irán las cosas, si te escaquearás de la reunión o no, pero al menos has conseguido una gran variedad de segundos de colores que has guardado en la caja de las tardes sencillas.
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